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La Traductora Trasplantada

Es curioso cómo el miedo y la inseguridad cambian tu percepción del mundo. Trabajan en conjunto como los dos lentes de unos anteojos dañinos, alterando el destinatario de la mirada hasta que parece ser torcido, borroso y teñido de un tono enfermizo.

Me quedé mirando el paisaje que pasaba por la ventana. Cada vez nos alejábamos más del aeropuerto.

—No te estás equivocando —me dije por dentro. —A ti te encanta este lugar. Esto es lo que quieres.

De repente, el cielo celeste y las colinas esmeraldas se empañaron, sus brillantes colores haciendo del paisaje una acuarela opaca.

El mismo paisaje que me llenaba de alegría y emoción en visitas anteriores ahora me dejó con la extraña sensación de estar vacía y a la vez llena de dudas. De repente, el cielo celeste y las colinas esmeraldas se empañaron, sus brillantes colores haciendo del paisaje una acuarela opaca. Lo que se destacó claramente del borrón eran las casitas tambaleantes y construidas al azar a la par de la carretera: una fila sin fin de postes agujerados por las termitas y protegidos contra el viento, la lluvia y los vistazos entrometidos de los demás por medio de unas hojas de lata extremadamente oxidadas.

—Eso no es un augurio —me dije. —No terminarás ahí.

Hasta mi voz interna temblaba con incertidumbre.

Ya no se trataba de unas vacaciones. Yo no volvería a casa dentro de unas semanas. No estaba aquí para tomar fotos, probar las comidas típicas de la zona ni comprarme algunas prendas bonitas.

Aunque había soñado con este momento desde que me enteré de la existencia de otros países, países que podría visitar, países donde podría vivir, me encontré inmovilizada por el miedo de lo que venía. Ya no se trataba de unas vacaciones. Yo no volvería a casa dentro de unas semanas. No estaba aquí para tomar fotos, probar las comidas típicas de la zona ni comprarme algunas prendas bonitas.

Este lugar ya era mi hogar. El carro me llevaba cada vez más lejos del aeropuerto y de mi última oportunidad de volverme, y aunque no me llevaba hacia una de esas casitas, sí me llevaba hacia un mundo donde los presupuestos eran ajustados, los salarios no alcanzaban para cubrir los gastos y la gente no solía invertir dinero en servicios lingüísticos profesionales, especialmente cuando el uso gratuito de Google Translate era tan económico.

Pieza por pieza, pertenencia por pertenencia, comencé el proceso de incorporarme a este mundo nuevo.

Llegamos a mi nuevo apartamento y empezamos a bajar las cosas del carro. Pieza por pieza, pertenencia por pertenencia, comencé el proceso de incorporarme a este mundo nuevo. Empecé a conocer el terreno, a hacer conexiones y acostumbrarme al ritmo de un paradigma de negocios distinto. Mantuve la cabeza en alto y creí en mi trabajo.

Y, como un órgano recién trasplantado, esperé ansiosamente para ver si mi nuevo ambiente me recibiría.

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